CAPÍTULO 7
—¿Usted está loca? ¡Yo no puedo darle un hijo al Alfa! —Amelia refutó con ímpetu, sus palabras salieron llenas de incredulidad—. ¡Soy una esclava!
Retrocedió de inmediato, como si la presencia de Catalina pesará por ser la Luna dándole una orden incoherente.
Sus ojos abiertos se reflejaban una gran sorpresa.
Catalina, en cambio, mantuvo la calma. Sus manos temblaban sobre la mesa, y su voz, aunque suave, estaba teñida de súplica.
—Por favor, ayudarías a la manada, al Alfa y a mi.
Sus