Los renegados cargaron como una ola sin forma, un muro de garras y colmillos que no respetaba jerarquías ni pactos. Los guerreros del Hierro Sombrío se adelantaron al grito de Draven, chocando contra la horda con escudos, espadas cortas y transformaciones parciales que hacían que el metal crujiera bajo el impacto. El pasillo se convirtió en un caos de cuerpos entrelazados, vapor caliente y cristales de hielo desprendidos del techo.
Kariane levantó ambas manos y una llamarada controlada salió de