El valle congelado seguía respirando un silencio casi sagrado cuando Lyra se puso nuevamente en movimiento. Aquella primera loba liberada por Kariane había sido solo el inicio. Cada cuerpo atrapado bajo el hielo parecía un recuerdo estático de una guerra detenida a la mitad, como si el tiempo se hubiera quebrado justo en el instante exacto para evitar una tragedia mayor. Pero entre las figuras heladas, entre las miradas petrificadas, Lyra sintió la misma vibración que había percibido en sueños: