Guardé el teléfono antes de que alguien más pudiera verlo.
El mensaje de "Agente K" quemaba en mi bolsillo como brasa, pero mantuve la expresión neutral, ojos fijos en Isla Clarence emergiendo de la niebla.
Uno de los siete en esta lancha había vendido a Marina.
A través del vínculo, Dante sintió mi tensión. Me lanzó mirada interrogativa desde el timón.
¿Qué pasa?
Después, respondí, cuando estemos solos.
Asintió, confiando.
Los siguientes noventa minutos fueron ejercicio de actuación. Sonreí cu