Mundo ficciónIniciar sesiónDos horas no eran suficientes para que el frío abandonara mis huesos.
Nos habíamos refugiado en cueva poco profunda en el lado oeste de Isla Nelson, ocultos de vista desde el océano, cuerpos amontonados para compartir calor que ninguno tenía de sobra. Marina temblaba entre Dante y yo, su respiración finalmente estabiliz







