Mundo ficciónIniciar sesiónElla era su promesa, ella era su luna y adorada princesa del lago Băneasa, su alma y otra mitad. Amelie era su nombre. Amelie Apafí la hija única del vizconde Michael Apafi. Lucien Von Muntean un joven de espíritu libre, un bohemio que gozaba de las cosas sencillas de la vida, o eso hacía creer a los demás para sobreponerse al dolor de una herida que nunca sanaría aunque pasaran las décadas como arena entre sus dedos. Anny Campbell una joven de 19 años estudiante de medicina decide emprender un viaje a Bucarest por petición de su padre quien tenía un par de años viviendo en Rumania por cuestiones laborales. Anny había rechazado la invitación de su padre, pero ahora era distinto ella huyó a Bucarest buscando poner distancia tras la abrupta ruptura con su novio desde la secundaria, trás haberlo descubierto siendole infiel con una de sus mejores amigas. Sin pensarlo más hizo su maleta tomó el primer vuelo a Rumania para olvidar todo. Lo que no imagina Anny es que en Rumania la esperaba alguien que cambiaría todo su mundo y ya nada será como antes bajo el reflejo de una luna azul.
Leer másLUCIEN VON MUNTEAN
Bosque de Băneasa Rumanía. ─── ∙ ~εïз~ ∙ ─── Estoy en lo alto de un roble antiguo, sentado en una rama gruesa que casi parece hecha para mí. Nadie mira hacia arriba. Esa es la primera regla del depredador: los humanos siempre miran al frente, nunca al cielo. El Bosque de Băneasa es tranquilo hoy. Sol suave entre las hojas, brisa tibia, el crujido de ramas bajas bajo pasos lejanos. Vengo aquí cuando necesito aire, o fingir que lo necesito. En realidad, vengo porque aquí puedo dejar de actuar. Abajo, en el castillo, tengo que masticar pan, beber vino, sonreír como si me importara el precio del trigo o el vestido de la duquesa. La comida humana no es de mi agrado, prefiero la tibia sangre de los ciervos. Pero aprendí hace tiempo que, para vivir entre ellos, hay que fingir que perteneces. Una voz seguida de una risa me hace abrir los ojos. —Juleka, dime algo… ¿no te parece precioso este lugar? Levanto apenas la vista. Es una chica. Vestido lila, cabello castaño suelto sobre los hombros. Inhala el aire como si fuera la primera vez que lo prueba. Detrás de ella, su doncella intentando resguardar a su dama. La escena me parecía un tanto graciosa la verdad. —Mi lady, si lo permite, creo que debería cubrir su piel del sol así... —No te fijes en eso —responde, riendo—, disfruta del aire fresco. Cuando regresemos a Transilvania no saldremos tan seguido de esa vieja y solitaria mansión. Un poco de color en mi piel no me hará daño Jul, relajate y disfruta todo esto — comenta la rebelde chica sin detener su andar. Me quedo quieto. ¿En serio acaba de decir eso? La mayoría de las damas de su clase se desmayarían si una gota de sudor les manchaba el cuello. Ella habla como si quisiera dorarse hasta las orejas solo para sentir que está viva. La doncella insiste. Menciona a lord Michael. Las obligaciones, y la hora de regreso. —Juleka, juguemos a las escondidas. Si me encuentras… tú ganas, y nos vamos a casa. Abro los ojos. ¿Está bromeando? Cuestiono por aquel trato. La doncella la mira como si hubiera perdido el juicio y en parte yo también así lo creo, sigo viendo la peculiar escena desde las alturas. —No es buena idea —responde—, este bosque es muy grande y... —¡Y nada! —ríe—, además, no caminaré tanto, Jul. Así que no exageres, amiga —en cuanto Juleka da la vuelta, sale corriendo entre los árboles. Yo no me muevo. Solo la sigo con la mirada mientras llega al lago. Se asegura de estar sola, levanta un poco la falda, se quita los zapatos y los deja sobre una piedra. Entra al agua hasta los tobillos. Cierra los ojos y onríe. —Ojalá pudiera sumergirme por completo —murmura—, el agua está deliciosa… —ahí, con el pelo suelto, los pies mojados y esa sonrisa que no parece fingida, parece la única persona aquí que no está actuando. Una2025-07-22 media sonrisa me tira la boca. —Primera dama que conozco que prefiere mojarse a arrugarse —murmuro, tan bajo que ni el viento lo lleva. La tranquilidad acaba cuando la escucho acercarse. Anka aparece en otra rama, a pocos metros. —Sabes que no es bueno jugar con la comida —dice, con esa voz dulce y falsa que usa cuando quiere joder. —Sabes que no consumo sangre humana —respondo, sin mirarla—. Dime, ¿no tienes a nadie más a quien molestar? —Solo estaba buscando una presa —sonríe—, esa que estás mirando… tiene un buen aroma. Pensé que podríamos compartir. —No. —¿Por qué no? —se acerca—. Hasta cuándo evitarás lo inevitable, Lucien? No negarás que su piel se ve… tentadora. Giro lentamente hacia ella. —Si la tocas —digo, tranquilo—, te rompo los dientes antes de que puedas probarla. Anka frunce el ceño. Sorprendida. Yo no doy explicaciones, salto de la rama, sinruido, desaparezco entre los árboles, mientras camino, una verdad queda flotando en el aire: No es su sangre lo que me llama la atención, es que, por primera vez, veo a alguien que parece libre. Y eso… es raro. Peligroso y maldita sea, imposible de olvidar. ──𖥸── ✿AMELIE APAFI✿ —Le dije que nos fuéramos. Ese vestido quedó arruinado, lady Amelie. Ahora usted podría enfermarse por hacer estás locuras —reprochaba la histérica doncella. Le oía, pero no le prestaba la más mínima atención en absoluto. Yo solo reía, divertida ante la histeria exagerada de mi sombra, o mejor dicho mi doncella. La muchacha de cabellera platinada me miraba con molestia. La burla era obvia en mí, lo sentía mucho, pero era realmente divertido. —No te preocupes, si —respondo tranquila—, además se lava y listo se van las manchas de lodo, solo es un vestido —explico irritando más a la histérica doncella. Juleka se esfumó entre los amplios corredores de la mansión, al ver a su señor, mi padre. Sabe que estamos en problemas y ella también. Nada bueno me aguarda y entendo que ella prefiera no estar allí para la reprimenda que se avecina a mí por el vizconde. La sonrisa que tenía se evapora de mis labios. Mi padre no tiene buen semblante, nada nuevo, pero está vez no tengo dónde esconderme para evitar su reprimenda. Estamos en el vestíbulo principal. Las paredes de piedra gris reflejan la luz tenue de los candelabros de hierro forjado. El piso de mármol brilla bajo mis pies descalzos, frío y pulido como hielo.. Los retratos de antepasados observan desde las paredes, con miradas severas, como si ya me juzgaran por el barro que mancha mi falda y el desorden de mi cabello. Todo en esta casa respira orden, tradición, control. Yo soy la fisura en medio de esa perfección. —Saliste de nuevo ¿Verdad? —cuestiona el aristócrata con voz enfurecida. Típico de él. —Padre yo... —Tú Amelie no tienes remedio, no eres un animal silvestre para corretear como un ciervo por el bosque, aunque se acabó niña está noche haré lo que sea para conseguirte un buen hombre, ya estás en edad de casarte —gruñe el noble con cansancio. —Pero padre yo no deseo casarme, yo... —¡No me interesa si es o no tu deseo, niña! —exclama el vizconde de Apafí colérico por mi actitud, a él le importaba todo menos mi opinión—, ya estás en edad de casarte, dime es eso o te irás a Austria con tu tía Ana, ya no estoy dispuesto a tolerar tus insolencias liberales, somos la comidilla de todos en Transilvania, creen que mi hija está loca! —¡Yo no quiero! —alzo mi voz molesta, impotente ante la intransigencia de mi progenitor. —No te estoy preguntando niña, tu deber es obedecer —ordena el vizconde furioso conmigo, su hija desequilibrada—, está noche te quiero perfecta, cómo lo que eres una noble, iremos al baile de la familia Von Muntean y te comportaras cómo lo que eres una señorita. Iba a refutar lo dicho por mi padre, pero sabía que cualquier cosa que dijese sería en vano. En momentos asi odio ser quien soy, odio ser noble, lo repudio con todo mi ser, hasta haber nacido mujer para mí es detestable. Corro, desapareciendo entre los amplios pasillos de aquella enorme mansión. Las paredes grises pasan a mi lado como sombras. Los retratos me miran con desaprobación silenciosa. Mis pasos resuenan en el vacío. No sé a dónde voy. Solo sé que necesito alejarme. De él. De sus planes y de esta vida que nunca elegí.LUCIEN VON MUNTEAN. ─── ∙ ~εïз~ ∙ ─── Las puertas del despacho de Dorian se cierran tras de mi. —Lucien, esperaba verte. Se que tienes planes de irte, pero por ahora debes permanecer en el es castillo... —¡¿Cómo que no puedo irme?! —exclamo, airado, abriendo los ojos al máximo. Miro al vizconde Apafi está sentado frente al escritorio de Dorian, con las manos quietas sobre las rodillas, la espalda recta. No dice nada. Su silencio pesa más que cualquier objeción. —¿Usted está de acuerdo en esto? —pregunto, apretando los puños a mis costados. —Yo estoy de acuerdo, muchacho —responde Michael, sin levantar la vista—, solo unos días, lord Lucien. Su excelencia dice que por ahora no es seguro para mi hija. —¿Ah, sí? —mi mirada se clava en Dorian. Lo desafío sin moverme—. Entonces, ¿por qué no me dijiste antes lo q
AMELIE APAFI ─── ∙ ~εïз~ ∙ ─── Siento que mi corazón va a romperme las costillas. Late tan rápido, tan fuerte, que juraría que todos lo oyen. Al entrar, mis ojos encuentran los suyos. Lucien está junto al altar, vestido de negro, inmóvil. Me mira. Sus orbes esmeralda me atrapan como siempre. —Llegaste —susurra, con esa voz baja que solo yo alcanzo a oír. No puedo apartar la vista, mejor dicho no quiero hacerlo. Mi padre me toma del brazo. El salón está lleno. Velas altas iluminan las columnas de mármol, flores blancas trepan por los arcos huele a jazmín, y a algo que no reconozco pero que me hace temblar. —Amelie, camina, hija —susurra el vizconde Apafi—. Estás nerviosa lo sé pequeña, pero no debes preocuparte. Hijita mía, todo estará bien. He visto cómo tú y lord Lucien se llevan cariño —no respondo, solo asiento su sonrisa es cálida, sincera... pero me recorre un f
ANKA VON MUNTEAN. ─── ∙ ~εïз ∙ ─── El espejo se hace añicos contra la pared. Los fragmentos saltan en todas direcciones, algunos clavándose en la madera del armario, otros cayendo al suelo con un tintineo frío. Mi pecho sube y baja como si hubiera corrido kilómetros, pero no he salido de esta habitación. Solo he estado aquí, ardiendo por dentro. —¡¿Por qué ella?! —grito, y mi voz sale rasposa, rota, como si las palabras me quemaran la garganta al salir. Me dejo caer de rodillas. El suelo está frío. Mis dedos tiemblan entre los trozos de vidrio, veo mi reflejo ojos rojos, labios apretados, cabello blanco desordenado. Parece que el mundo entero se ha vuelto contra mí. —¡Anka! —Juliette aparece en la puerta. Su voz es suave, pero no logra calmarme. Nada lo haría ahora—. ¿Qué ocurre, linda? —dice, sentándose a mi lado. Huele a jazmin, como siempre. Me da ganas de empujarla. De grit
DORIAN VON MUNTEAN. DUQUE DE BUCOVINA. ─── ∙ ~εïз~ ∙ ───Las puertas del despacho están entreabierta. El fuego en la chimenea crepita bajo un manto de ceniza. Huele a cuero viejo, tinta y hierbas. Entra después de tocar y recibir permiso.—Supe que tú y tu hermano tuvieron un encuentro hoy en la tarde —dice Sophia, acercándose. Está junto a la ventana, la luz del atardecer dorando su cabello—. Dorian, sé que algo te tiene intranquilo…—Sophia, no es nada malo…—Pero tampoco es bueno —responde, y me besa con suavidad en los labios—, te conozco y sé que estás intranquilo, vida mía —suspiro cansado y la beso en la frente. Siempre sabe cuándo oculto algo. Siempre.—Es Lucien —confieso, mirando al fuego—, ya llegó a oídos del consejo su abstinencia y ellos no ven esto con buenos ojos. Aseguré que él tiene control… pero no sé qué tan cierto sea eso, Sophia —confieso finalmente. —Dorian, debes confiar en tu hermano…—No es fácil, más con esos cambios que presenta. Es evid
VICTORIA VON MUNTEAN. ─── ∙ ~εïз~ ∙ ───El aire en la habitación huele a hierbas secas. Las cortinas gruesas apenas dejan pasar la luz del atardecer, y lo que entra se deshace en sombras largas sobre el suelo de madera. Estoy sentada junto a la ventana, con la espalda recta pero no rígida, los dedos apoyados en el alféizar frío. En la mano derecha, la botella negra —pequeña, lisa, hermética— pesa más de lo que aparenta.—Mi ama Victoria… ¿qué hará en el territorio del señor Dorian? —la voz de Sarah me llega desde la puerta. No me giro, sigo mirando afuera, donde los árboles del jardín trasero se mecen con una brisa que no alcanza a entrar. —Eso a ti qué te importa, Sarah —respondo, sin alzar la voz. Solo un leve movimiento de muñeca, como si ajustara el peso de la botella entre mis dedos. Ella da un paso adelante. Oigo el crujido del suelo bajo sus zapatos. —Mi señora, esa es… —¡Calla! —ahora sí me vuelvo. Rápido, pero sin brusquedad. Mis ojos la encuentran antes de
DORIAN VON MUNTEAN DUQUE DE BUCOVINA. ─── ∙ ~εïз~ ∙ ───El carruaje disminuye la velocidad, las ruedas crujen sobre la grava húmeda del camino que conduce a mi residencia, y siento cómo el aire frío se cuela por las rendijas del vehículo, trayendo consigo el olor a tierra mojada y pino quemado. La niebla se enrosca entre los árboles como una mano invisible, y fuera todo parece detenido, suspendido en el aliento de la noche. Dentro, el silencio es pesado, solo roto por el leve roce de mi capa al moverme y el latido lento, casi imperceptible, de mi corazón. No necesito respirar, pero lo hago. Por costumbre. Por placer. Por ella.Sophia mi estrella. No me gusta dejarla sola, pero su estado es delicado, demasiado. No puedo arriesgarla, no ahora cuando cada latido suyo es un regalo que temo ver extinguirse.—Sé que con él estarán bien —digo, sin mirar a Mihai, aunque sé que me escucha. Me refiero a Lucien, el más joven de mis humanos, el único en quien confío para cuidarla cuando n





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