Cuando Luciana llegó a su habitación no sabía qué pensar o hacer, toda ella era un manojo de nervios y confusión, no sabía qué era lo correcto.
En ese momento su celular sonó en toda la habitación, cosa que la hizo saltar del susto.
—¡Dios! — dijo para sí misma. — ¿Qué me pasa? — se fue en busca del aparato que estaba en la mesita de noche, cerró los ojos y respiró profundo al ver que era su amiga quién llamaba nuevamente.
—Eres intensa —dijo en cuánto contestó —¿No puedes esperar a que lleg