POV ADRIÁN
El intercomunicador de mi escritorio suena con ese zumbido irritante que significa que mi asistente está a punto de arruinarme el día.
—Señor Valcor, su madre está aquí.
Cierro los ojos. Respiro hondo. Cuento hasta tres.
—Dile que estoy ocupado.
—Ya entró, señor.
Por supuesto que ya entró.
La puerta de mi oficina se abre sin que yo diga nada. Helena Valcor entra como siempre lo hace: con la certeza de quien cree que el mundo entero es su sala de estar. Traje Chanel negro, perlas que