POV LOLA
La sala de juntas es oscura, sillas de cuero que crujen, ventanales que dan a los viñedos donde generaciones de De Rossi plantaron su imperio. Y yo, sentada a la derecha de mi padre, sintiéndome como una niña disfrazada de adulta.
Diez hombres rodean la mesa. Rostros curtidos por décadas de negocios. Manos que firmaron contratos antes de que yo naciera. Ojos que me evalúan como si fuera una pieza de porcelana fina: bonita para exhibir, frágil para confiar.
Alessandro me presentó hace c