Capítulo 147. Lazos de sangre.
Elizaveta
El dolor ya no ardía. Era más bien un zumbido distante, como si mi cuerpo hubiera decidido desconectarse para no seguir sintiendo. Pero la memoria, esa maldita traidora, no se apagaba.
Seguía trayéndome imágenes a ráfagas: el suelo frío, los gritos de Taras, mis brazos cubriendo mi vientre, el golpe seco en mis costillas, el sabor metálico de la sangre.
Y la voz de Irina, gritando mi nombre, interponiéndose, rompiendo el infierno.
Quise abrir los ojos, pero no pude. Quise moverme, pe