Capítulo 142. Su sombra, su guardián.
Dominic Ivankov
El otro día, una rubia que habría sido mi entretenimiento sin nombre en otros tiempos, se acercó en el pasillo. Me puso la mano en el brazo y sonrió con esa boca hecha para el pecado. Yo le quité la mano como si me quemara. Ni siquiera le hablé. Ni siquiera la miré.
Me molestan. Me repugnan. Me dan asco. No porque no sean hermosas. Sino, porque no son ella.
Yuri lo notó.
—Estás actuando como un hombre enamorado —dijo con esa voz burlona suya, sin dejar de revisar los informes de