Capítulo 128. Arrepentimiento.
Irina
La nieve caía sin piedad, cubriendo el suelo con un manto blanco que parecía ignorar la sangre que habíamos derramado. El frío de Siberia no era solo físico, se metía en los huesos, se clavaba en el alma. Me calaba hasta los pensamientos, hasta el miedo que ya no podía ocultar, aunque mi rostro seguía implacable. No podía mostrar debilidad. No ahora.
Elizaveta estaba a mi lado, cada respiro que tomaba era un recordatorio de la gravedad de la situación. Estaba malherida, de una manera tan