Capítulo 120. Un trato con el enemigo.
Dominic
Cuando finalmente aterrizamos, el horizonte estaba teñido de un rojo sangriento, quizás como presagio de lo que vendrá. Los guardias me escoltan fuera del avión, sus manos firmes, pero temblorosas. Puedo oler su miedo, agrio y penetrante.
Caminamos al lugar donde Seamus me esperaba. Mientras me desplazo, todo se ve tenue, tenebroso. El aire es pesado, saturado de la esencia de los hombres de Seamus, y de la rabia que corre por mis venas como un veneno.
Mi respiración es lenta, calculada