CAPÍTULO 24. SECRETOS Y MENTIRAS
Al fin viernes pensé, ya había amanecido mucho mejor, era fácil disimular la leve cojera que me aquejaba.
Mamá tenía listo el desayuno y estaba dispuesta a renunciar, yo la apoyé.
—Mamá, divinamente puedes demandar a ese señor.
—No me voy a poner en esas, a ver quién le trabaja por tan poco.
—Pues si, además, tu conoces el manejo de ese local al derecho y al revés, no creo que encuentre fácilmente a alguien que haga todo lo que tú; ya verás que algo mucho mejor te va a salir.
Se marchó dispuest