CAPÍTULO 50. RENACER

Llegamos a nuestro lugar especial, lo miré, toqué su rostro, lo acaricié, quería ver que fuera real, tenía su cabello peinado hacia atrás, sus ojos marrones se iluminaban al mirarme, y recordé todo mi dolor, me lancé sobre él y empecé a golpearlo.

—¡Me debes una maldita explicación! —Le grité entre lágrimas.

—Lo sé, déjame hablar por favor.

Me tomó de las muñecas para evitar mis golpes, bajó lentamente mis brazos y me tomó entre los suyos.

—Todo fue obra de mi padre.

Lo sabía, ese maldito viejo
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