Silas se encontraba en la linde de los árboles, hacia el bosque que se extendía más allá. Una sombra oscura. Una mancha maligna, como dijo Atina.
—Parece bastante enojado —dijo Silas.
Tenías razón, lo convirtió en su esclavo de sangre con un hechizo. ¿Cómo lo reparo?
—Dame su cabeza.—
—Aún no has eliminado la maldición.—
—Con un hombre lobo enloquecido esperando matarme, ¿qué esperabas?—
—Espero que cumplas con tu parte del trato —dijo Asher—. Haz lo que dijiste y devuélveme a mi hermano.
Silas