Hunter ni siquiera la había llamado ni le había preguntado cómo estaba. No era su compañero. Solo era otro lobo en su vida. Diosa, ni siquiera estaba en su vida. Solo estaba... ahí.
¡Por Dios! Se comportaba como una colegiala que descubrió en el recreo que le gustaba a un chico. En cambio, era una virgen de treinta y tantos que por fin se había encontrado cara a cara con su pareja y se había marchado antes de que él pudiera hacerlo primero.
Aún sentía el calor de sus manos en sus brazos, la fir