Hunter
—¿Quieres que te reclame, Jade?— Su voz estaba oscura por el deseo insatisfecho.
—Sólo quiero ayudarte, como tú me ayudaste —gemí.
—No —dijo con firmeza, apretando la mandíbula—. Perdería el control.
Él me soltó y se puso de pie, ofreciéndome su mano.
—Quítate ese vestido tonto y métete en la cama—, me dijo.
Me quedé de pie, mirando hacia arriba, hacia esos insondables ojos de color azul relámpago.
Parpadeó y entonces el aire a su alrededor se volvió ligeramente borroso.
Un momento despu