CAPÍTULO 64 – Rebelión de sangre
Cuando la puerta se abrió de par en par, Iker no necesitó levantar la vista para saber quién entraba.
Tao entró con paso firme, seguido de cerca por Kerana. Ambos vestían ropas de caza oscuras, preparadas para el movimiento y la ocultación. No había rastro de duda en sus rostros; solo una determinación gélida que hizo que Arasy, sentada en un rincón sombrío del salón, se pusiera de pie con un nudo en la garganta.
— No vamos a esperar a que amanezca, padre —dijo