Treinta y cuatro semanas. El bebé era ya una presencia tan física que Valentina bromeaba con que tenía opiniones sobre la disposición de los muebles.
Gloria Reyes había terminado su última ronda de tratamiento dos semanas atrás. Los resultados eran los que el oncólogo había descrito con la palabra que más pesa cuando uno lleva meses esperándola: remisión. Parcial todavía, pero remisión. El cuerpo respondiendo. La biología, por una vez, cooperando.
Valentina recibió la noticia sola en el apartam