Valentina tenía pocas posesiones y muchas plantas.
Esto lo descubrió Sebastián el sábado de la mudanza cuando el ascensor del edificio se abrió por segunda vez con otra tanda de macetas, y la persona que las cargaba —Daniela, con cara de mártir voluntaria— lo miró y dijo, sin preámbulo:
—Hay dieciséis. Por si necesitabas el número exacto.
—¿Dieciséis plantas? —repitió Sebastián.
—Dieciséis plantas, dos cajas de libros técnicos de diseño que pesan como crímenes de guerra, una impresora que Valen