Ocurrió un miércoles, en el mercado cubierto que quedaba a quince minutos del apartamento y que Valentina había descubierto la segunda semana gracias a un mensaje de Sebastián que decía solo: «Tiene lo que buscas», con la ubicación adjunta y sin más explicación, que era exactamente el tipo de comunicación que Valentina había aprendido a interpretar como muestra de afecto en el lenguaje de un hombre que había tardado treinta y dos años en aprender a mostrarlas.
Lo que buscaba era una planta pequ