El haber pedido una taza con café a su asistente fue solo una excusa para quedarse solo. Tenía que recuperar el autocontrol que se le había escapado de las manos al dejar que su mente le jugara en contra, imaginando situaciones que definitivamente nunca se harían realidad.
Centrándose nuevamente en lo importante, repasó los acontecimientos que lo llevaron a estar, ahora, en un problema más que nefasto. El temor a perderlo todo afloró dentro de sí porque, ¿qué haría si la amenaza se cumpliera?