Tenía que admitir que su asistente tenía la capacidad de hacerlo olvidar de los problemas, por unos segundos al menos, con un simple comentario que no venía a cuento.
—Ah, entonces imagino que ya tienes una idea de quién es —dedujo.
—Algo así. La recuerdo porque ella fue quien nos condujo a la mesa. —De pronto, ella entrecerró los ojos, mirándolo, no, escrutándolo sin reparos—. Tal vez esto que diré esté de más y me disculpo de antemano por eso, pero lo diré de todas maneras. —La sorpresa lo