Sabio consejo.
—Oh. Me lo supuse —enunció su hermano, apenas ingresó a la oficina y cerraba la puerta detrás de sí—. Tienen suerte de que sea yo y no…
—Sí, lo sabemos —interrumpió, frunciendo el ceño en advertencia—. ¿Alguien…?
—No. No te preocupes —replicó Francis, sabiendo lo que él preguntaría—. Chicos, esto es serio. Deben tener un poco más de cuidado. Yo sé que quieren estar juntos y hacer cositas traviesas, pero evítense problemas. Al menos, por ahora.
—Gracias por el sabio consejo, hermano —refunfuñ