Si de por sí el sábado no era su día favorito para trabajar, nunca esperó que el día tuviera un desenlace tan anfibológico. Había demasiadas cosas en su mente y necesitaba llegar a casa y pensar con tranquilidad.
Posterior a dejar todo en orden en la salita de descanso, regresó a su puesto. Miró con una especie de nostalgia la puerta cerrada de la oficina de su jefe. Sabía que él seguía allí, martirizándose con el asunto del chantaje y el vídeo. Ahora estaba enterada de la razón por la que él