Bochorno.
Vio a Johari encogerse en la silla, como si quisiera hacerse más pequeña, inclinándose hacia atrás y encorvando los hombros hasta que su cuello casi desapareció. La culpa estaba escrita en cada centímetro de la mueca de dolor de su hermoso rostro de piel canela. Pese a eso, él reprimió ese tirón que quiso adueñarse de su estómago. No era el jodido momento para tener y sentir esa creciente atracción que solo ella le provocaba. Por amor a Dios, ella lo había visto en ese maldito vídeo. Ella lo ha