Los días posteriores de la visita a la abuela trajeron un cambio sutil, pero palpable, en la rutina en los alfas y en la montaña. Aiden y Silas comenzaron a frecuentar la cocina, no con la actitud autoritaria de los líderes que vigilan a una prisionera, sino con una cercanía protectora que descolocaba a Maia. Aiden solía aparecer al amanecer, dejando leña fresca cerca del fogón en un silencio respetuoso, mientras que Silas aprovechaba cualquier oportunidad para entablar conversaciones ligera