El sonido desgarrador de la alarma de paro cardiorrespiratorio los lanzó fuera del despacho como un resorte. Corrieron hacia la UCI pediátrica, sus mentes cambiando al modo de crisis en milisegundos.
La escena era de caos controlado. Los equipos médicos ya trabajaban en los gemelos López, cuyos monitores mostraban líneas planas aterradoras. —¡Fibrilación ventricular en ambos!—gritó una enfermera. —¡Sabotaje!—declaró Valeria, su voz un escalpelo que cortó el aire—. Antonio, Laura, ¡Sofía! ¡No se