CAPÍTULO 27 — El travieso dilema de Theopatra . Parte 2
Calor Temerario
Mi espalda seguía presionada contra la fría pared del penthouse, con la mano firme de Darius alrededor de mi garganta, cuando Elias entró completamente en la habitación sosteniendo mi clutch como si fuera evidencia en un juicio. El jefe de seguridad tenía esa media sonrisa sarcástica que me hacía revolverse el estómago: alto, tatuado, con pómulos afilados y ojos que prometían que disfrutaría rompiéndome tanto como su jefe.
—Jefe —arrastró Elias, lanzando mi bolso sobre la mesa