Diamond observaba las paredes blancas de la nueva habitación con una mezcla de fascinación y horror.
El eco de las palabras de Ridell, aquellas que pronunció con desprecio el primer día que ella pisó la mansión North, resonaban en su mente como una burla cruel:
«No dormiré contigo porque temo que me cortes el cuello mientras duermo. No serás más que un fantasma en esta casa».
Y ahora, allí estaba ella, en el corazón del ala principal.
Examinó los armarios empotrados de madera fina y sintió un e