Mundo ficciónIniciar sesiónOcho años después.
—¡Luna, ha ocurrido algo terrible! ¡Están aquí otra vez! —El silencio en la sala del consejo se rompió con la irrupción de los soldados.
—Mamá, tengo miedo… —El niño de siete años estaba sentado en el regazo de Karen, aferrándose con fuerza a su cuello. Su rostro reflejaba tensión. No sabía qué había sucedido, pero aún se sentía contagiado por el ambiente tenso.
Karen tocó los ojos del niño, idénticos a los de Zack, para consolarlo.
—Ahora solo el rey Alfa puede salvarnos. Desde la muerte de Alfa, otros grupos han estado intentando anexionarnos. ¡Luna, tenemos que hacer algo! —Uno de los ancianos dio un paso al frente.
Así era hace ocho años, y así era de nuevo ocho años después. Karen pensó que tras la muerte de Alfa podría vivir una vida tranquila con su hijo, pero el destino siempre le imponía responsabilidades incalculables. Como es bien sabido, el rey Alfa heredó el trono a una edad temprana. Quizás debido a las sangrientas luchas entre sus hermanos, se convirtió en una persona de temperamento muy peculiar. A menudo, mataba a gente por unas pocas palabras que le disgustaban. Por lo tanto, pocas personas le piden ayuda y, por supuesto, él no es un filántropo. Pero Karen no tenía otra opción.
—Iré yo.
El salón quedó en silencio. Los ancianos habían obtenido la respuesta que querían, pero no podían celebrar. El rey Alfa vivía en la cima de las montañas nevadas. Ese lugar estaba perpetuamente cubierto de nieve, y un pequeño tropiezo podía provocar la muerte por una caída o por congelación. Nadie estaba dispuesto a acompañarla.
—¡Estoy dispuesto a proteger a Luna e ir con ella!", se ofreció Gonzalo. Estaba dispuesto a sacrificarse por Karen. Porque sin ella, el viejo Alfa ya lo habría matado por servir el plato equivocado.
Así que Karen confió a su hijo a su sirviente de mayor confianza. Si moría en la montaña nevada, el niño sería asistido por los ancianos y se convertiría en un Alfa. Entonces, con determinación, partió hacia la montaña nevada.En medio de un viaje agotador con la nieve congelando cada una de sus extremidades.
Karen sigue caminando, decidida a llegar a la cima de esa montaña congelada, donde la solución a sus problemas podría tener una salida.
"Él Rey es la única esperanza"
Ronan lo había vendido todo, dejándolos en la ruina.
— Luna, debemos detenernos. A este paso podríamos perdernos en cualquier instan...
— No.— Dice Karen, tallando sus manos de nuevo para evitar que sus dedos se congelen.—Gonzalo el tiempo es oro cualquier error podría costar la vida de nuestra gente.— Susurra sintiéndose culpable al saber que de nuevo estaba a expensas de atacantes externos.
El maldito anciano había muerto, dejando empeñado la mitad del territorio solo por mantener sus vicios, dejando empeñada la cría de la mitad de las hembras para esclavos o mujeres de compañía.
Eran solo un lugar para tomar esclavos sin miedo a represalias, durante mas de cinco años había intentado mejorar la producción de alimentos y mantenerlos a salvo pero esos pagarés con sangre del viejo la perseguían…
— Maldito viejo… ¡Maldito Ronan!
Gonzalo asiente.
—Dejé a mis guerreros de confianza al mando, nadie podrá acercarse a su familia Luna, además tengo escondidas a todas las hembras embarazadas para evitar que les arranquen sus crías.
Sí, ahora el territorio de la manada Alma Oscura no era más que un pueblo fantasma donde nadie podía sentirse a salvo, donde las hembras desaparecían de la noche a la mañana y las crías eran arrancadas de los brazos de sus madres.
Continúan la escalada hasta que caen por una senda de tierra húmeda, donde ambos caen en completa oscuridad.
— Gonzalo ¿estás bien?— Susurra ella.
Sin embargo, los jadeos huecos a unos cuantos metros la desconciertan.
— Te estoy preguntando, ¿te encuentras bien?
Jadeos horrorosos inundados de dolor, atraviesan el aire erizando su piel.
— Luna —dice Gonzalo su guerrero más fiel.— No lo haré.
— ¿Qué pasa?
Ella se arrastra por en medio de las rocas hasta que alcanza a tocar su mano.
Húmeda y con el líquido enfriándose con demasiada rapidez.
— ¿Estás sangrando? ¿No te puedes recuperar? Gonzalo, Gonzalo, escúchame.
— No, Luna.— Continúa él.— Lo siento, no podré.
— ¡No, no! Gonzalo, no me abandones. Eres el único que creyó en esto. Eres el único que...
Sin embargo, los latidos cada vez más sutiles del corazón de su guerrero simplemente se apagaron en medio del eco de la soledad.
La humedad se cuela por entre la ropa de la luna.
“Debo hacerlo, debo ir. El rey licántropo puede hacerlo, pero…”
Ella giró la mirada hacia el cielo.
Tenía que escalar esas paredes enormes con escasas piedras y sin estabilidad.
Una lágrima sale de su rostro porque finalmente había encontrado a alguien en quien confiar y ahora lo había perdido de nuevo.
— Lo lamento, Gonzalo, lo lamento.— Susurra ella iniciando su escalada hacia la libertad dejando atrás el cuerpo aun cálido de su amigo y confidente.
Cuando finalmente llega y continúa con su trayecto entrando al territorio del rey licántropo, el olor de varios machos comienza a rodearla.
Está demasiado debilitada como para poder transformarse en su loba.
La lucha no era una de sus virtudes y su debilidad simplemente la sedaba ante tanto frío.
Corre lo más rápido que sus piernas cansadas y temblorosas le permiten hasta llegar a una enorme roca donde se cubre colocándose dentro de la nieve.
Ella siente el olor de diferentes machos.
“Son ocho, demasiados para ser una casualidad y mucho menos que sean una ronda de seguridad”
Poco a poco se mueve entre la nieve y hace un agujero.
Mira que los machos comienzan a alejarse y en cuanto los mira lejos, ella sale para encontrarse con varios machos frente a ella.
— Así que jugabas a las escondidas— Dice un macho envuelto en pieles de casi dos metros.
Karen traga saliva fingiendo seguridad.
— Soy la Luna Karen de la manada Alma Oscura, vengo a pedir una audiencia con el Rey Licántropo de urgencia.
El macho se cruza de brazos.
— ¿Luna? Una hembra desterrada prácticamente por ser solo el premio de consolación…
— No me hables así.
— No me grites hembra, tenemos entendido que solo eres una burla, la mayoría de tu territorio fue vendido…
Ella aprieta las manos.
— El rey Alfa no se entrometerá. Ni se te ocurra pensarlo.… — La mirada del hombre la recorre, haciéndola sentir sucia.
— Que él mismo me lo diga…
—Bueno aunque antes tendrás que pagar por el permiso…
—No traje oro, pero le pago al tenerlo en frente.
Las carcajadas de los machos resuenan en el aire.
— No cobramos con oro. Y el producto que tienes es de muuuy buena calidad.
Karen se cubre el pecho con los brazos, protegiéndose.
—No te preocupes no somos tantos como piensas…— Dice el macho arrojándose contra ella y la toma del brazo jalándola entre el hielo.
— ¡Suéltame...! ¡Suéltame!— Grita entre jadeos sintiendo el hielo quemar su piel.
Su boca se llena de nieve y le quema la garganta.
Lanza golpes sin detenerse una y otra vez.
Los pinos quitan la luz y lo vuelven todo un juego de sombras tenebrosas y titilantes.
Los machos se ríen y pelean por el turno para poseerla y se burlan de qué hacer cuando no les sirva…
— La dejamos en medio del bosque hay desenas de desertores que podrían despedazarla y deshacerse de los restos.
Karen traga saliva con el corazón a punto de estallar, los desertores criaturas salvajes sin lado humano, sin más que sus instintos de sobrevivencia a tope.
Sin pensarlo Karen muerde la mano del que la tiene agarrada y el la arroja contra el tronco del pino.
— con que te gustan los juegos… bien— el macho se arroja a ella jalando su ropa— Entonces serás la muñequita de trapo… yo seré el primero.
— ¡Suéltame bastardo! ¡Suéltame! — Ella se resiste pero las manos callosas del macho la toman de las muñecas y con la mano libre la acaricia hasta llegar entre sus piernas.
— ¡Está mojada muchos!
Todos gritan de emoción.
El silbido de algo acercándose rompe el ambiente de alegría y Karen se encuentra con un chorro de sangre caliente en su rostro.







