Zack está en su oficina, no había podido dormir el resto de la noche, no podía concentrarse, incluso, sus propios pensamientos eran diluidos, por los jadeos que había escuchado de ella. Aprieta el vaso que está en su mano, hasta romperlo.“juré vengarme… sin importar que mi cordura se vaya con ella” piensa inspirando de nuevo el olor a menta con chocolate sobre su piel…La esencia de su condena.Los pasos de alguien llegando, lo hacen concentrarse en otra cosa, que no sea, su propio error.Marco, uno de los cuatro guardianes del castillo y el macho, que tiene su máxima confianza, se acerca a él.— ¿Qué fue lo que hiciste?Zack frunce las cejas a la defensiva, como si con hacerse el olvidadizo el guardián frente a él no notaria el olor a sexo cubriendo su cuerpo.— ¿Cómo?— Sí, ¿qué hiciste?— La mirada de Marco se agudiza y expone sus colmillos.La frustración del guardián es contenida…Peligrosamente contenida.— La reina divagó, por todo el bosque la noche completa, se veía preocup
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