Mundo ficciónIniciar sesiónZack se encuentra con el cuerpo congelado.
Su lobo aúlla, desesperado, al buscar en los recónditos escondites de su mente ese lazo que había sentido desde el primer instante de su despertar.
A quién buscó sin cansancio hasta verla frente a frente.
Y ahora no existía, dejando un enorme vacío en su pecho.
Zack se arroja hacia ella en un intento vacío por sentirla.
Karen se mueve levantándose con los calambres recorriendo su cuerpo evadiendo su toque.
—No me toques, no quiero tu olor en mí.
Él continúa en el suelo.
Observándola.
—No te equivoques, no quiero que te arrepientas el día de mañana, no te deseo ese dolor.... Zack traga saliva observandola sin parpadear.
—No lo haré— susurra Karen, conteniendo el aliento. —Vete, no regreses. Olvídate de mi existencia. Jamás podrás ofrecerme lo que yo merezco.
El oído de Karen alcanza a captar los pasos de alguien acercándose… el ritmo y el siseo de una pierna arrastrándose era característico de Ronan.
“El ya viene”
Sin embargo, su cuerpo, su alma, su lobo se resisten a aceptarlo.
A lo lejos se escucha el eco de la voz del alfa, se está acercando.
Karen siente que su respiración se acelera, que los latidos de su alma cavan en medio de su tumba.
Debe deshacerse de él.
— Vete ¡ahora! ¡¿Cuántas veces debo repetirlo?
Desde el suelo Zack la observa, altiva, fría, distante.
La hembra que adora no estaba frente a él, era su cuerpo pero no es esa mujer interesada que tenía frente a él.
El tiempo parece detenerse, parece una locura.
Pero…
~ Es ella~ grita su lobo una y otra vez en su cabeza.~ Es ella. No la dejes, no la abandones.~
Los pasos de Ronan se escuchaban cada vez más fuertes.
— No me dejes no me abandones, no puedo vivir sin ti… —El orgullo de Zack había desaparecido con la esperanza de ablandar el corazón de la hembra frente a él.
— Vete, si no quieres que yo misma te entregue, por traidor.
Karen se gira al ver correr lágrimas por el rostro de su encantador mate… pero el tiempo se termina.
— No puedo vivir sin ti…
— Entonces muere—Declara ella como última estaca— Pero lejos de mi vida…
Solo un instante mas siente su esencia diluirse y al buscarlo se encuentra con su habitación fría pero sobre todo vacía...
Karen se limpia las lágrimas con el dorso de la mano y cierra los ojos.
Días atrás había tenido una conversación fuerte, enérgica con su padre donde todo había cambiado para ella.
— No puedo creerlo, no estoy dispuesta a perderlo. Padre, por favor, ¡yo lo amo!— gritaba ella, desesperada.
— No importa, Karen, en este momento tus sentimientos, tu amor, la esperanza o la independencia simplemente se han evaporado como agua hirviendo sobre el fuego.
— No quiero, padre, no quiero. Yo amo a Zack, él es mi mate destinado. Yo…
En ese instante, una bofetada le cruza el rostro.
Su padre, que jamás le había puesto una sola mano encima, ahora la callaba a base de golpes.
— ¿En verdad vas a poner tu calentura con guerrero sin nombre sobre todas las vidas que forman parte de nuestra manada? Ese maldito viejo desgraciado tiene rodeados a cada uno de nuestros guerreros ¡Los rodeó, Karen! ¡Los rodeó! Mira, esta es la condición para no asesinarlos en medio de las llamas— grita el hombre furioso con el rostro rojo y las venas sobresalidas.
Karen la había tomado con la mano temblorosa y, en efecto, ahí mismo se le exigía que para salvar a doscientos guerreros e impedir la invasión a la capital, simplemente tenía que ceder a su hija como garantía de unión y paz.
Ella apretó la nota sintiendo el peso de cada una de las vidas de los guerreros que se habían sacrificado por ella.
— Bien, padre, haré lo que sea necesario.
Karen abrió la puerta de su habitación para encontrarse con ese alfa que tanto había despreciado.
Ronan, un anciano de más de setenta años, la mira con una actitud libidinosa y solamente se relame los labios provocando que ella se erice por completo ante el asco.
— Bien, mujercita, ha llegado el momento de pagar la deuda de tu gente.
El anciano la toma por el brazo de forma brusca y Karen es arrojada contra el suelo en la habitación nupcial.
El anciano se quita la ropa con una sonrisa de oreja a oreja y la mirada brillante atravesando cada uno de los delicados pliegues de las curvas de su cuerpo.
Él toma su miembro que por su edad fallaba en ponerse firme.
Sin embargo, esa unión tenía que ser consumada.
— ¡Ven, ahora!— ordena Ronan de forma agresiva y en medio de gritos.
Ella trata de levantarse.
Sin embargo, al poner su mano temblorosa sobre el colchón, un grito congela su piel.
— ¡No, arrástrate como la perra que eres! ¡Ven, quiero que tú misma lo hagas despertar!
— Pero yo…
— ¡Ahora, ven!
Cada paso arrastrándose es una sentencia de dolor, castigo y tortura.
Karen queda arrodillada entre sus piernas.
El hedor nauseabundo de ese anciano parece impregnarse en su piel y la textura de su miembro al tener que rodearlo con sus manos, le provoca arcadas.
Aunque ese era sólo el principio.
— Cómetelo, hasta el fondo.— Susurra él, ordenando.
— Yo. No…— Los ojos de ella se abren.
No terminó, Ronan la toma por el cabello y la jala, obligándola a verlo.
—No me interesa qué es lo que quieras, eres mi mujer. Pagué demasiado por tenerte, por poseerte, maldita criatura. Si no me satisfaces... no olvides que tu padre sigue en prisión.
Él mismo mueve su cabeza para insertar su miembro una y otra vez en su boca.
Las arcadas de ella se vuelven más fuertes, intensas, al punto que no puede hacer otra cosa más que sólo llorar en silencio.
Inmediatamente después de que ese miembro queda medio erecto o lo suficiente como para cumplir su función.
El anciano la arrastra, colocándola en la cama, la abre de piernas y se inserta.
— ¡Qué hermosa! ¡No me extraña que sea la mujer más bella del clan de los lobos!
Karen optó por no escuchar las palabrotas. No se mueve ante la invasión, ante el castigo y el pago, porque un solo movimiento y podría arrancarle el producto de ese único amor que acababa de rechazar.
El único rastro de luz y felicidad en su oscuro futuro.
Un pequeño cachorro que crecía en su vientre. Y que protegería costase lo que costase.







