54. CAMINOS
LIAM
El bosque parecía un animal vivo.
Respiraba. Se estiraba. Cambiaba.
Cada vez que dábamos un paso, las sombras se reacomodaban como si intentaran tragarnos, y a estas alturas, era evidente que nos habíamos separado por completo de los guardias. Quizás por accidente... o quizás porque así lo quiso este maldito territorio.
Mi ataque de viento abrió de golpe el follaje frente a mí, obligando a retroceder a tres de esas aves oscuras que nos venían siguiendo desde hacía minutos. Las criaturas ch