143. DESPERTAR Y CONTAR LA HISTORIA
LIZZY
Desperté con el corazón desbocado.
Por un instante no supe dónde estaba.
La oscuridad seguía adherida a mi piel como una segunda sombra, y en mi mente aún permanecía aquella celda húmeda, el hedor del encierro, el frío de la piedra contra mi espalda y la certeza espantosa de que Fausto volvería.
Solo recordar su nombre hizo que un escalofrío me recorriera de pies a cabeza.
Sentí un movimiento a mi lado.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi razón.
Todo en mí se tensó.
Mis dedos se aferraron co