138. CACERÍA AL AMANECER
MARGARETH
Me vestí con una rapidez aunque quiero creer que no me veía desesperada. No estoy segura de haberlo conseguido.
Mis manos apenas podían seguir el ritmo de mi mente. Cada lazo, cada botón, cada pliegue de la tela parecía innecesariamente complicado. Entonces de manera sorpresiva las palabras de Riven me detienen:
—Tranquila. Ven aquí.
Me detengo y entonces veo su brazo estirado esperando que llegue a él. Ahí confirmo que fui completamente transparente. Dejo escapar el aire de manera