137. LAS VERSIONES DE MI MUJER
RIVEN
El amanecer estaba cerca.
Podía sentirlo en la forma en que la oscuridad empezaba a diluirse tras las cortinas pesadas de la habitación. La noche se estaba retirando poco a poco, como una marea cansada.
Y aun así, el sueño no llegaba.
El cuerpo estaba satisfecho. Calmo.
Pero la mente... la mente seguía girando como una rueda que se negaba a detenerse.
Ni Margareth ni yo habíamos logrado dormir.
¿Cómo hacerlo?
La verdad que ella me había entregado era demasiado grande para asentarse en una