121. HARÉ QUE LO EJECUTEN
MARGARETH
La cabeza me late como si un enano herrero estuviera practicando percusión dentro de mi cráneo.
Y para completar la sinfonía... mi marido no está.
Gruño contra la almohada. Tengo mal genio conmigo misma. No creí que me fuera tan mal con el licor. Aunque debo admitir algo que jamás repetiré en voz alta: anoche no me dolía nada. Ni la cabeza, ni el orgullo, ni el miedo.
Solo flotaba.
Flotaba... y creo que elevé la voz más de la cuenta.
Qué vergüenza.
Sin las habilidades mágicas de Riven