103. ENCONTRAR UNA ESPADA
MARGARETH
—¿Estás segura de lo que me estás contando?
La miro con atención.
Lizzy no suele dramatizar. Cuando exagera, sus ojos brillan. Ahora no brillan. Ahora tiemblan.
Lo que acaba de decirme no es un rumor. Es dinamita.
El rey. Y Lady Olinda. Una noche. Un secreto.
—No me atrevería a inventar algo así —responde ella, angustiada—. ¿Qué harás con esa información?
Una sonrisa, quizá demasiado amplia para la ocasión, se instala en mi rostro.
—Usarla, obviamente.
Lizzy palidece.
—Margareth..