Eso es lo que había sucedido en el pasado, al menos.
Pero normalmente no había abrazos al final. Fue un cambio agradable.
Enzo gruñó. «Cinco minutos más».
Me mordí el labio con más fuerza mientras él me abrazaba más fuerte.
—Compré demasiada comida. Tendremos que empaquetarla antes de irnos—, dijo.
—Bueno.—
También necesito revisar mi teléfono. Asegurarme de que la mochila esté bien.
—Está bien—, repetí.
Tendremos que parar a comer algo de camino a casa.
—Está bien—, dije una vez más.
Sus labio