—¿Me presentas?—
Preciosa, nadie con quien haya estado se compara contigo. Claro que aparecías. Y sí, me masturbé en el coche con la fantasía, como un maldito pervertido.
Clay se pasó una mano por el pelo. Lo tenía más largo de lo habitual y mucho menos dócil. Supongo que llevaba un tiempo sin hacer nada después de convertirme en Olive.
—Puedes perder el título de pervertido si me lo cuentas—.
Sus ojos se oscurecieron. —¿Tienes tu vibrador?—
—Por supuesto que sí.—
Gruñó. —Quiero ser yo quien lo