PROMESAS DE UNION.
Nikolai se levantó para abrir la puerta y recibir el pedido de comida china. Pagó al repartidor y subió a la habitación con la comida.
— ¡Listo! — dijo, sonriendo a Ángela.
— Lo siento mucho, comer en la cama. No tengo nada para ofrecerte, ni siquiera un comedor.
Nikolai sonrió.
— No te preocupes, está bien — dijo —. Así se disfruta bien, es muy familiar y ameno comer encima de la cama.
Ángela se rió.
— Tú siempre me invitas a tu casa o a restaurantes lujosos — dijo —. Y ahora estamos aquí, com