Había pasado un mes desde que Crono y su familia emprendieron el viaje. Los niños, emocionados, pero con el corazón apretado, se despedían de Isis y los orcos en el refugio. Sus caritas reflejaban una tristeza dulce, sabían que no verían a sus amigos por mucho tiempo, y para ellos, el tiempo que pasaron allí había pasado muy rápido.
Metis abrazaba a Boox con fuerza, sus pequeños bracitos apenas alcanzaban a rodear el cuello robusto del orco. Sus ojos brillaban con lágrimas que amenazaban por sa