Mientras Agamenón avanzaba hacia su hermano con una mirada carente de expresión, como si careciera de alma, sus palabras fluían con resentimiento acumulado a lo largo de los años.
—Ahora no eres más que una piltrafa sin poder, Pirro. A partir de este momento, pondré fin a la maldición que ha asolado nuestra familia desde tu llegada a este mundo.
Pirro suspiró con exasperación. Durante años, había albergado odio hacia Agamenón, considerándolo el hijo perfecto de su padre. En cambio, él sentía que