Damara recibió la noticia de la llegada de tres niños a la mansión. No perdió tiempo y se dirigió con rapidez hacia ella, al llegar subió las escaleras, sentía una presión en el corazón. En el pasillo divisó a Lucía en la entrada de la habitación y no pudo contener su ansia y le preguntó.
—¿Dónde están? Quiero verlos.
—Están descansando, señora.
Con cautela, Damara abrió la puerta de la habitación, camino hacia la cama, y su mirada se posó en los rostros de los niños. Una sonrisa emocionada ilu