Mundo ficciónIniciar sesiónLa ambición era un cáncer silencioso que devoraba desde adentro. No necesitaba bisturí ni quimioterapia; se alimentaba de poder, de codicia, de la necesidad enfermiza de controlar lo incontrolable.
Miranda Alcántara lo sabía mejor que nadie.
La sala de juntas de Grupo Alcántara ocupaba el piso treinta y dos del edificio corporativo en Paseo de la Reforma. Ventanales de piso a techo ofrecían una vista panorámica de la Ciudad







