El viernes por la tarde, cuando el tráfico de la ciudad empezaba a condensarse en esa masa lenta e inevitable de los fines de semana largos, Ximena cargó los planos enrollados en el asiento trasero del coche de Thiago con la misma atención con que se carga algo que podría romperse si se trata con descuido. No eran frágiles, técnicamente. Eran papel. Pero llevaban dentro una cantidad de horas y de decisiones y de noches sin dormir que les daban un peso específico, diferente al del papel ordinari