El domingo de regreso a la ciudad fue silencioso de una manera que no era incómoda pero que tampoco era completamente neutral. Ximena lo notó desde la primera hora de la mañana, cuando Thiago preparó el café con esa concentración suya de siempre pero sin hacer el comentario habitual sobre el nivel del molido, sin el intercambio pequeño y sin importancia que era, sin embargo, parte del idioma específico de sus mañanas juntos. Ella no dijo nada. Observó, con esa capacidad suya para registrar lo q