Mundo ficciónIniciar sesiónLa primera contracción del miedo fue peor que cualquier dolor de parto. Victoria miró la mano extendida de Gabriel, luego el rostro pálido de Mateo en la incubadora, después las botas militares de Evangelina que se acercaban por el pasillo del hospital como el tic-tac de un reloj que marcaba el final de su tiempo.
Treinta segundos para decidir entre el infierno conocido y el desconocido.
Los pasos de Evangelina resonaron más fuerte. Veinte metros. Quince. Sus voces autoritarias dando órdenes a los guardias se filtraban a través de las puertas de la NICU como el rugido de una tormenta que se aproximaba.
Victoria cerró los ojos por un instante. Con Evangelina: batallas legales interminables, años de custodia disputada, vivir como fugitiva mientras sus hijos crecían en la incertidumbre. Con Gabriel: protección inmediata bajo el techo de un psicópata que había intentado matarl







